LAICADO ESCOLAPIO

Aspectos Teológicos

ASPECTOS TEOLÓGICOS

Tomado de "EL Laicado en las Escuelas Pías" pp.6-9

6. La comunidad cristiana, Pueblo de Dios

De entre todas las gentes, judíos y gentiles, Dios se ha elegido un Pueblo, el nuevo Pueblo de Dios, ya preparado en la Antigua Alianza. Al antiguo pacto, sellado en el Sinaí, por el que El se constituía un pueblo que le conociera y sirviera, iba a sucederle uno nuevo: "He aquí que llega el tiempo, dice el Señor, y haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. Pondré mi ley en sus entrañas y la escribiré en sus corazones".

Este nuevo Pueblo, el Pueblo de Dios, es "linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo de adquisición.... que en un tiempo no era pueblo, y ahora es pueblo de Dios". Es, por lo tanto, un pueblo de sacerdotes que tiene .por heredad la dignidad y libertad de los hijos de Dios"; "por ley, el mandato del amor" y "como fin, la dilatación del reino de Dios, incoado por Dios mismo en la tierra".

Este pueblo es la 'Iglesia de Dios", de la que habla Pablo4. En ella todos son "hermanos", "discípulos", "fieles" y "cristianos" . La Iglesia "es la congregación de todos los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación y principio de la unidad y de la paz".

En esta comunidad, se desarrollan diversos ministerios, instituidos por el mismo Señor, para servicio de la misma, con los cuales unos miembros ayudan a los otros durante el tiempo de la Iglesia.

7. La importancia del Laicado

El sentido comunitario y ministerial de la Iglesia ha pasado por diversas vicisitudes a lo largo de la historia. Una de ellas, la que ahora nos interesa, fue la acentuación de las dimensiones de¡ sacerdocio ministerial, ocultando o reduciendo el sacerdocio de los restantes fieles, y la importancia de los demás ministerios. Todo esto llevó, poco a poco, a lo largo de los siglos, a dejar en un segundo plano a quienes no participaban del sacerdocio ministerial.

El concilio Vaticano II marcó un hito importante en la concienciación eclesial del significado e importancia de la vocación laical. Al situar el capítulo sobre el Pueblo de Dios antes del dedicado a la jerarquía, realizó una revolución teológica, estableciendo, en primer lugar, la dignidad común de todos los cristianos. Lo fundamental en la Iglesia es el cristiano simplemente, el bautizado, el laico. En este sentido la vocación laical es el prototipo y referencia de toda la vida cristiana. Los laicos, junto con los pastores, colaboran en la misión de la Iglesia.

8. La llamada universal a la santidad

Una de las consecuencias más significativas del redescubrimiento de la vocación laical, es la convicción de que existe una llamada universal a la santidad, de que todos han sido igualmente llamados a la perfección de la caridad. La santidad no es ya una dimensión propia y específica de la vida religiosa o del sacerdocio ministerial, sino que es común a todos los miembros del pueblo de Dios. Todos han sido "consagrados" por el bautismo y en él se halla la razón última y fundamental de la llamada a la plena identificación con Cristo. El cristiano es una persona llamada a participar en toda su plenitud en la vida de Dios, a ser hijo en el Hijo, a vivir en la intimidad trinitaria. Cristiano es el que sigue a Cristo en todo el desarrollo de su vida personal y comunitaria.

9. El apostolado de los laicos

Partiendo de tendencias revalorizadoras de la autonomía laical, desde mediados de este siglo ha crecido la colaboración de los laicos con la jerarquía y han aparecido nuevas formas de integración en asociaciones y movimientos que tienen como fin la difusión del mensaje de Jesús y del Reino de Dios. Todo este movimiento de reflexión y práctica desembocó en el Vaticano II con el reconocimiento de la base sacramento de la identidad laical, su protagonismo eclesial y las posibles maneras de colaboración con la jerarquía. En cuanto miembro del Cuerpo de Cristo, el laico no sólo camina hacia la perfección de la caridad, en la imitación cada vez más estrecha de Cristo Jesús, sino que ha sido llamado a procurar el crecimiento de la Iglesia con todas sus fuerzas. Estas posiciones vendrán recalcadas por el Papa Juan Pablo II en la Christifideles laici.

10. Sentido de la vocación laical

Ahora bien, el camino hacia la perfección de la caridad y la colaboración en la misión salvífica de la Iglesia, a través de un apostolado, el laico lo debe realizar según su propia vocación laical, a la que ha sido llamado por gracia. En cualquier circunstancia se deberá, por tanto, preservar 'el carácter secular propio y peculiar de los laicos". Y es que "a los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Viven en el "siglo", es decir, en todas y cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está entretejida. Allí están llamados por Dios a cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo a los demás, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad". Concreción de la vocación laical En la realización de esta vocación laical dentro del contexto ec~iesial señalado, desde hace tiempo ha empezado a manifestarse cada vez con mayor fuerza el siguiente hecho: un número creciente de laicos piden participar del carisma de los distintos Institutos religiosos. Es decir, que no se contentan con una simple colaboración apostólica en el ámbito en el que se desarrolla su actividad, sino que buscan una pertenencia más profunda a un Instituto, participando del Carisma de un Fundador determinado, pero dentro del más exquisito respeto a los límites propios de su vocación laical. Transformación de la vida de los Institutos religiosos No cabe duda, por otra parte, que la participación de los laicos en los carismas de los Institutos religiosos va a suponer una transformación interna de los mismos". La vivencia del carisma en la forma de vida laical puede llevar a un nuevo redescubrimiento de muchas de las virtualidades del mismo, y, al mismo tiempo, la fuerza vivencial de la incorporación de los laicos puede despertar del letargo a muchas conciencias dormidas y puede animar a otras a una decisión más radical del seguimiento de Jesús.