ESCUELAS PÁS DE ESPAÑA TERCERA DEMARCACIÓN

 

 

 
 

GARCIA DEL CASTILLO , JUAN

*Cerezo de Arriba (Segovia) 1585
+ Roma 1659

Colaborador de S. José de Calasanz y 2º General de la Orden

Apenas cumplidos los quince años de edad, en 1599 dejó su tierra, donde había cursado sólo estudios elementales, y se trasladó a Roma, parece que en calidad de paje del embajador de España. Pasados de esta forma tres años en la ciudad eterna, el año 1603 empezó a estudiar en las Escuelas Pías recién fundadas. Tuvo como profesor entre otros al conocido latinista romano P. Gaspar Dragonetti.

Al acabar sus estudios y permaneciendo en su antiguo puesto trabó estrecha amistad con D. Francisco Méndez, iluminado sacerdote portugués, que se decía discípulo de Juan de Ávila, y que con algunos otros clérigos y seglares se dedicaban a ayudar material y espiritualmente a las mujeres alegres de la ciudad. Allí conoció al joven abad Glicerio Landriani, que mantenía contactos cada vez más profundos con las Escuelas Pías. Se animaron mutuamente y ambos se asociaron al P. José de Calasanz para ayudarle en sus escuelas. Juan lo hizo en 1611, Glicerio en 1612. Desempeñó sobre todo los cargos de Ecónomo, Prefecto de las Escuelas y catequista, en cuya tarea colaboró con Glicerio, hasta que éste murió diez años más tarde, a los treinta años de edad, dejando una impronta imborrable en su buen colaborador y amigo, y un gran dolor en Calasanz, que en Landriani tenía puestas grandes esperanzas para el futuro de la Orden. No sabemos los motivos que le retrajeron a recibir la sotana calasancia, ni siquiera cuando lo hizo su querido abad Landriani. Se sospecha que lo iba retrasando por tener que atender económicamente a hermanos o sobrinos, para lo que pretendía algún beneficio eclesiástico en Roma, y por su carácter, a menudo indeciso y vacilante, que le impidió más tarde tomar resoluciones importantes e inmediatas. Animado por el Santo Fundador a recibir el orden del presbiterado, después de demorar aún la decisión, se ordenó finalmente de sacerdote en 1623. Calazsanz, que lo apreciaba tanto, le nombró Rector de Frascati, la primera casa escolapia fundada fuera de Roma en 1616. El mismo P. José asumió sus tareas romanas, tanto en las escuelas como en la iglesia. Durante cinco años (1626-1631) padeció en Frascati no pocos trabajos, buscando edificio y lugar más idóneo para el colegio y la iglesia, llevando la dirección de las escuelas y el cuidado de la iglesia. Tantos trabajos perjudicaron su salud, y le hicieron dudar de su vocación en las Escuelas Pías, hasta que Calasanz consiguió convencerle de que su verdadero camino estaba en el trabajo que en ellas realizaba. Vuelto a Roma, enseguida fue enviado como comisario a una nueva fundación en Nápoles, para que investigase, examinase y resolviese el delicado asunto de un religioso de aquella comunidad. Solucionado allí el problema para el que le había enviado el Fundador, volvió a Roma, y sin haber recibido aún el hábito escolapio, el P. García fue nombrado Asistente General, bajo la autoridad de Urbano III, junto con los Padres Pedro Casani, Francisco Castelli y Santiago Graziani. Como Asistente General, y siempre bajo la dirección de Calasanz, desempeñó de nuevo el cargo de director de las escuelas, cuidando también de la catequesis y de la oración continua, iniciada por el P. Landriani y conservada como tradición constante en las Escuelas Pías. En ausencia de Calasanz, ocupó varias veces su puesto, ocupándose también de los asuntos más importantes de la Orden. Comoquiera que algunos religiosos llevaban a mal que el P. García ostentara el cargo de Asistente General sin haber pronunciado todavía los votos, el P. José lo animó y, por fin, el 18 de abril de 1634, en su presencia y de toda la comunidad, hizo la profesión solemne en el Oratorio de la casa. De esta forma su situación jurídica quedó definitivamente arreglada. Luego, su vida transcurrió en Roma, como Rector de San Pantaleón, Casa Madre de la Orden. En el más completo silencio, ayudaba en las clases y en la iglesia, más que ejerciendo como Asistente General. Al lado de Calasanz, a quien había prestado su colaboración desde 1611, el 16 de marzo de 1646 soportó con paciencia el golpe gravísimo que suponía la reducción de la Orden a Congregación sin votos y sujeta a los Ordinarios, promulgada por Inocencio X. Por el Breve de esa fecha, el P. José quedaba destituido como Superior General, así como los demás superiores. En aquel momento la Orden tenía 490 religiosos distribuidos en 38 casas. El P. García pudiera haber intercedido ante el papa, pues era confesor de su sobrina, Dña. Olimpia Maidalchini, pero quizá por eso mismo no se atrevió a interponer sus buenos oficios para que ella interviniera ante su tío a favor de las Escuelas Pías. En 1648, y estando así de complicada la situación, aparecieron los primeros destellos de la futura resurrección y los últimos de la peregrinación terrena del Santo Fundador. Tras dolorosa enfermedad, el P. García le escuchó en su última confesión y recibió de él los últimos consejos sobre el porvenir esperanzador del futuro Instituto. A él, como superior de la casa, correspondió el piadoso deber de celebrar los funerales del Fundador, y de dar a conocer cómo moría en opinión de santidad. No es, pues, de extrañar que en marzo de 1656 fuera designado como General de la Orden el que había sido el más antiguo colaborador e íntimo amigo de Calasanz, al que veneraban ahora en la persona del P. García. A pesar de su innata aversión a los cargos, se vio en la necesidad de dirigir la frágil navecilla hasta su primera reintegración, e iniciar el proceso de beatificación y canonización de José de Calasanz. En ese proceso no quiso ser testigo, a pesar de conocerle mejor que nadie, seguramente por delicadeza de conciencia, pues había sido su confesor. Y por lo que se refiere a la reintegración después de la hecatombe, el día 8 de noviembre de 1655 el Papa Alejandro VII aprobó y mandó expedir el Breve “Dudum felicis recordationis Paulus Papa V” a favor de las Escuelas Pías . No era la reintegración al primitivo estado, sino, podríamos decir, el primer paso para lograrla más tarde. La obtención de este decreto se debe atribuir en gran parte a los desvelos del P. García ante las autoridades eclesiásticas, los amigos suyos y de la causa de las Escuelas Pías. El día 12 de marzo de 1656, estando él presente, se leyó el Breve en el oratorio ante toda la comunidad. Elevaba el Instituto a Congregación de votos simples, nombraba General por tres años al P. Juan y confirmaba a sus cuatro Asistentes. Hubo entre los presentes alegría y decepción al mismo tiempo. Pero a partir de entonces la expansión de la Orden floreció de nuevo, después de haber disminuido considerablemente a causa del furor de la peste y de la reducción de Inocencio X. En vida del P. Juan García se abrieron las casas de Horn y Viena, en Austria , Schlan y Praga en Bohemia. Cuando el trienio de su generalato tocaba a su fin, centró todo su esfuerzo en la preparación y convocatoria del próximo Capítulo General para el mes de mayo, pero nuestro buen P. Juan de Jesús María, el P. Garzia , o P. Castilla , como le llamaban los romanos, cayó repentinamente enfermo, viéndose obligado a guardar cama, y pocos días después murió el 16 de febrero de 1659, a los 75 años de edad. Así terminó su vida larga y laboriosa el más antiguo y querido compañero fiel de S. José de Calasanz, su primer sucesor y segundo General de la Orden de las Escuelas Pías. El P. Juan García fue un hijo auténtico de Calasanz, fiel, piadoso y agradecido alumno de las primeras Escuelas Pías de Roma.

Sobre el P. Juan García se conserva el siguiente atestado del puño y letra de San José de Calasanz que corresponde a la CARTA 4077.1:

"Pax Christi

Con la presente damos fe auténtica de que:
El P. Juan de Jesús María [García del Castillo] entró para ayudar a las Escuelas, en abril de 1611; ha trabajado siempre como cualquier otro, sin interés ninguno, cuando todos éramos aún [clérigos] seculares. Más aún, teniendo algunos beneficios importantes en España, su patria, él renunció a ellos, para no tener que marchar, dejando la actividad de las Escuelas. De los intereses de aquéllos, le llegaron de una sola  vez 200 escudos de oro, todos los cuales se han gastado en servicio de la Casa; sin hablar de otros que antes, en diversas ocasiones, había traído al Instituto.
Y a partir del año 1627, viendo el celo y en interés con que ayudaba a la Obra, yo determiné, para que ayudara mejor a la Obra, que tomara nuestro hábito, con gran satisfacción de todos los de Casa. Y, habiéndose portado bien durante algunos años con nuestro hábito, lo nombré Superior de la Casa de Frascati.
Después ha perseverado,  dando  mucho fruto en las Escuelas.
Y en Congregación nombrada ante el Emmo. Cardenal Ginetti, Vicario de Nuestro Señor [Urbano VIII], examinados los individuos que entonces había, por orden de dicho Cardenal fue contado entre el número de los Asistentes, en lugar del P. Pablo, de feliz memoria. Y así, fue considerado en el Breve, como profeso tácito de muchos años. Y, después, para que constara que había hecho la profesión solemne, la hizo confirmando la tácita, como consta en el libro de las profesiones.
Por su virtud y continuo trabajo merece la mayor alabanza y premio. Yo, como testigo de vista, hago la presente relación, suscita por mi propia mano.

        En Roma, a 1 de enero de 1643.

        Yo, José de la Madre de Dios, Superior General, confirmo de propia mano cuanto antecede."

Valeriano Rodríguez Sáiz Sch.P.

 

OBRAS:

  • Cartas : SÁNTHA, G. Epistolae ad Sanctum Josephum Calasanctium ex Hispania et Italia. Roma, 1972, 2 vols. 1216-12-22
  • SÁNTHA, G. –VILÁ PALÁ, C. Epistolarium coaetaneorum Sancti Josephi Calasanctii 1600-1648, Roma 1977-1978, 6 vols.

BIBLIOGRAFÍA.:

  • BIBLIOGRAFÍA: JERICÓ, J. Varones insignes en la santidad de vida de las Escuelas Pías. pp. 278-294. VALENCIA 1751;
  • LLANAS, E. Escolapios Insignes desde el origen de las Escuelas Pías, III, pp. 472-480 MADRID 1899;
  • Ephemerides Calasanctianae 1939 . pp. 92-93, 1961 nn. 2-4; GYÖRGY SÁNTHA, La fidelidad a Calasanz, P. Juan García del Castillo, segundo General de las Escuelas Pías, Salamanca 1982;
  • Diccionario Enciclopédico Escolapio, Vol II, p. 249-250 SALAMANCA 1983