ESCUELAS PÁS DE ESPAÑA TERCERA DEMARCACIÓN

 

 

 

 

Parte Saínz, ALFREDO
* Cilleruelo de Bricia (Burgos) 02-06-1899
+ Santander, 27-12-1936

Beato, Educador y Mártir de la fe.

Tenía 12 años, cuando sus padres, deseosos de que su hijo siguiera el camino de muchos otros niños del pueblo, que llegaron a ser excelentes escolapios, y animados además  por un primo de Alfredo, Eufrasio Peña Saiz - que en ese mismo año de 1911 había tomado el hábito, y luego murió clérigo en 1915 - lo llevaron a nuestro colegio de Villacarriedo, seminario de muchísimas y buenas vocaciones calasancias. Estuvo en Carriedo el curso 1911-1912, pues en 1913 ya lo encontramos en el aspirantado de Getafe. Allí a los superiores a que dejara Irache, y le mandaron al colegio de Santander. Confiaban que encontraran otra solución los prestigiosos médicos del hospital de Valdecilla. Pero éstos también les previnieron sobre el peligro de una operación. Mientras tanto, le aconsejaron los aires sanos de su pueblo natal, Cilleruelo de Bricia. Pero antes de ir quiso pasar  unos días en Villacarriedo.

Por fin, el 10 de marzo de 1919, en un carro de los que semanalmente iban hace dos cursos de humanidades, y el 1 de agosto de 1915 recibe la sotana escolapia. El 13 de agosto de 1916 pronuncia los votos simples. A los pocos días dejó Getafe, y con sus compañeros salió para el monasterio de Irache, a prepararse para el sacerdocio estudiando Filosofía. No logró terminar los estudios el curso 1916-1917, a causa de su delicada salud. El mal le atacaba en una pierna, y los médicos advirtieron del peligro de tener que amputársela. Eso determinó desde Selaya, pueblo próximo, al mercado semanal de Soncillo, volvió a su pueblo natal. Pasaba el tiempo entre paseos, lecturas  y rezos, pues no tenía fuerzas para ayudar a la familia en la tarea de la cosecha a que estaba entregada. En uno de aquellos paseos tropezó, cayó al suelo dos veces, y empeoró la pierna, que iba mejorando lentamente. En vez de volver a Irache a terminar los estudios, con buen juicio lo mandaron a Villacarriedo. En el mismo colegio pudo seguir estudiando. Dirigido, sobre todo, por el prestigioso escolapio P. Bernabé Peña, estudiaba  con mucho empeño la Filosofía y la Teología, al tiempo él mismo ayudaba al P. Bernabé como secretario, pues era habilidoso en mecanografía.

Terminados así sus estudios, en el curso 1922-1923 ya es él mismo profesor en el colegio. Figura enseñando Lengua Castellana, Taquigrafía y Mecanografía, que correspondían a estudios de Comercio. En esa tarea trabajó el P. Alfredo hasta su muerte. El 25 de agosto de 1924 pronunció los votos solemnes.

Cuidaba también de los alumnos internos, mientras se preparaba a su ordenación sacerdotal. Tuvo ésta lugar el día  3 de marzo de 1928. Desempeña además el cargo de Procurador del Colegio. De hecho, su  firma aparece de continuo en los libros de contabilidad de aquel tiempo. Cuentan que el P. Alfredo disfrutaba con la dulzaina de su padre, que por su avanzada edad ya no usaba. A veces se la oía en medio del silencio claustral. Así trascurrían su días,  hasta que terminó el curso 1935-1936. Según la costumbre escolapia, el P. Alfredo salió contento a tomar las vacaciones bien merecidas en su pueblo durante el mes de julio. Llegan noticias de revueltas revolucionarias, quemas de iglesias y conventos, asesinatos de gentes de ‘iglesia’. El 17, sin terminar sus vacaciones, lo primero que Alfredo piensa es volver a Villacarriedo con sus hermanos, a pesar de que le aseguraban mayor seguridad en su pueblo. El 18 estalla el levantamiento militar de la llamada ‘zona nacional’. Santander estaba en la zona republicana. Todos pensaban que no pasaría nada, pues los religiosos sólo se ocupaban de la enseñanza de los niños. Pero al final de julio llegaron al colegio los milicianos. Hicieron varios registros, pues decían los curas escondían armas. El día 14 de agosto llega un delegado del gobierno amenazando a los escolapios a que abandonen el colegio en el plazo de 24 horas. Un amigo invita al P. Alfredo a ir a Bilbao para verse más seguro, pero él no acepta. Llegó un autobús y un coche, y en ellos se llevaron a la comunidad Santander; los Padres escoltados por milicianos. Todos llegaron a la capital, menos al P. Alfredo, que se bajó en La Concha, y se hospedó en casa de una tía suya. Los demás procuraron ocultarse  como pudieron, en distintos lugares. Los que no lo lograron, o no quisieron, encontraron el martirio. Los PP. Claudio Sedano, Sinesio Fernández y el Hº Natalio Sainz, junto con el P. Alfredo Parte serían asesinados. El P. Jacinto Morgante estaba de vacaciones en su pueblo natal Nuño-Gómez (Toledo) también fue detenido el 15 de agosto, y luego asesinado.

En La Concha estaba el P. Parte, cuando el 17 de noviembre de 1936 se presentaron una vez más los milicianos en la casa  y preguntaron si estaba el cura. Su tía les dijo que allí no había ningún cura, sólo un Padre escolapio. Entran y encuentran al P. Alfredo. Creyendo que tenía el dinero de la comunidad, pues sabían que era el administrador, se lo exigen. Él no puede darles más que 10 pesetas, pues sólo eso tiene. Le dijeron que tenía que ir con ellos a Santander. Uno, lo mismo que su tía,  intentó liberarlo indicándoles que estaba impedido por su cojera. Fue inútil. Le obligaron a bajar a la calle, lo metieron en el coche y lo condujeron a Santander, dejándole en los sótanos del Ayuntamiento, convertidos en cárcel.

De allí, durante unos días,  lo sacaron a la ‘checa Neila’, conocido verdugo. Luego a la cárcel Provincial, y, finalmente, a la bodega del barco ‘Alfonso Pérez’, atracado en el puerto y convertido en cárcel y llamado, al que las gentes llamaban ‘buque fantasma’. Este barco fue su última estación de su calvario. Allí rezaba, confesaba, celebraba la misa  y animaba a demás encarcelados. Hasta siguió de profesor, pues enseñó a leer a algunos que no habían podido aprender. Sabía que iba a morir por Cristo y esto le daba valor. Hubo de nuevo intentos de liberarlo, y él pensó que se podría conseguir, pero resultaron inútiles. El 27 de diciembre de 1936 cayeron sobre la ciudad bombas nacionales, lo que enfureció a los guardianes. Hubo disparos en las bodegas, asesinados y muchos heridos. Tiros de gracia precedidos de gritos claros y valientes: ‘¡Viva Cristo Rey’! A los prisioneros les revisaban hasta las manos, intentando asegurarse de su profesión. Alguien aconsejó al P. Alfredo que se las manchara. Le llegó el momento de ser también él interrogado: - ¿Quién eres tú? – Soy sacerdote y escolapio de Villacarriedo – Sube a la cubierta – No puede subir solo, comentó otro prisionero, señalándole el bastón que siempre lo acompañaba. – ‘Nunca he subido solo, repuso el P. Alfredo, pero por amor de Cristo subo esta noche’. Fueron las últimas palabras que conocemos del P. Alfredo Parte. Llegado a cubierta, sonaron disparos, mientras su cuerpo se desplomaba inerte, lo mismo los cadáveres de otros 150 mártires.  Juntos también,  fueron llevados al cementerio de Ciriego y enterrados en una fosa común.

Terminada la guerra se procedió a su identificación, los colocaron en  ataúdes, y luego fueron solemnemente acompañados hasta la Catedral, a la Cripta de la Parroquia del Santísimo Cristo, donde el los hasta el 23 de agosto de 1995, cuando fueron exhumados, con vistas de la anunciada beatificación de nuestro mártir.

El 1 de octubre de 1995 fue una fecha muy señalada para toda nuestra Orden. El Papa Juan Pablo II beatificó al P. Alfredo Parte, mártir de aquella trágica guerra civil española de 1936. Lo celebró de manera especial nuestra Provincia, a la que pertenecía. Y nuestro colegio de Villacarriedo. Y su pueblo natal, Cilleruelo de Bricia. El 2 de diciembre sus santos restos, sacados del arcón provisional,  fueron colocados en la iglesia del colegio de Villacarriedo, bajo el altar lateral izquierdo a él dedicado, donde reposan. Aquel día el colegio entero se vistió de fiesta. Hubo concelebración en la Eucaristía de acción de gracias.  Alumnos y fieles llenaban el templo. Presidía el Sr. Obispo de Santander, José Vilaplana, acompañado del P. Provincial, Zacarías Blanco, del P. Inocencio Parte, hermano escolapio del P. Alfredo, y de muchos escolapios y sacerdotes amigos.

 

Valeriano Rodríguez Saiz

 

 
  • BIBILIOGRAFÍA: AA.VV., Escolapios víctimas de la persecución religiosa en España (1936-1939), Publ. ‘Revista Calasancia’, Madrid 1965, Volumen II, Parte II, pág. 693-719;
  • J. A. Álvarez Gómez, El P. Alfredo. Testigo de Cristo, Gráficas Bedia,  Santander, 1995; Necrología, Ephemerides Calasanctianae, 1942, pág. 107-109, Roma;
  • Diccionario enciclopédico escolapio, DENES, pág. 420, Ediciones Calasancias, Salamanca 1983;
  • Archivum Scholarum Piarum, n. 62, pág. 137, Romae 2007;
  • Hoja Informativa TDE, n. 134, 1998; n. 135, 1999.