El “Calendarium Ordinis Scholarum Piarum” de cada año, recuerda el 1 de enero: 1630 (Romae, initium Collegii Nazareni), 2007 (Erectio Canonica Provinciae Italiae Scholarum Piarum).
Forman, pues, la Provincia religiosa de Italia desde el 1 de enero de 2007 las provincias religiosas de Roma (“madre de todas las provincias de la Orden”), Liguria (a. 1623), Nápoles (1627), y Toscana (Etruria; 1630), constituidas en la vida del Fundador, san José de Calasanz (1557-1648).
La Provincia tiene su sede en Florencia y posee un órgano de información, mensual, titulado NOTIZIARIO. Las cuatro Provincias ahora unificadas poseían la “Rivista trimestrale degli Scolopi in Italia” denominada “RICERCHE”. El último número publicado es el 103 (aprile 2010-marzo 2011). En este número, Amper (Antonio María Perrone), Director responsable de la Revista, se despide de los lectores habiendo puesto en manos del Provincial la publicación. Eso sí, recordando de manera muy especial al P. Osvaldo Tosti (1913- 2001) a quien sucedió en 1995 como Director.
En el n. 103 de Ricerche, pag. 36-37, contiene una carta que Don Juan Bosco (1815-1888; Fundador de la “Societas S. Francisci Salesii”, S.D.B., en 1859) escribió el 26 de septiembre de 1867 al P. Rector del Colegio Nazareno (fundado en 1629), con motivo de la terrible peste que azotó la ciudad de Albano, sede veraniega del Colegio.
La traducción de esta carta la propongo a la consideración de cualquier persona interesada en las relaciones entre Salesianos y Escolapios y de manera especial a éstos segundos y a quienes como tantos laicos colaboran con ellos en el ministerio de la educación. Seguirá después por parte mía un breve comentario. Ahora os dejo que leáis y gustéis el texto
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Queridísimo P. Rector:
Con cuantos vivos y sinceros sentimientos de alegría y de complacencia visité vuestro Colegio Nazareno, con otro tanto y mayor dolor he conocido la terrible desgracia que ha herido la ciudad de Albano, donde el Colegio mismo se había retirado en aquel magnífico local, para templar los calores veraniegos de Roma y pasar, según costumbre, las ferias otoñales. No sé deciros, amigo mío, cómo ha herido profundamente el corazón tan infausta noticia, más aún pues preveía la necesidad, en que os encontráis, de cerrar el Colegio, y cuantos frutos de virtud y de sabiduría, se habrían perdido por mala ventura. Pero reanimándome algo de aquella turbación, al pensar en las próvidas instituciones y a la excelente disciplina, que regulaba vuestro Colegio; como también pensando a sus gloriosas tradiciones y a las sabias y amables leyes, por las que era gobernado, tanto en la parte educativa como en la científica, tuve buenas razones para consolarme, y al temor sucedió la esperanza de un más alegre futuro. De tal modo que al santo y celoso entendimiento de informar el corazón y el ingenio de los jovencitos en la piedad y en las letras, nada me pareció faltarle a vuestro Internado.
¿Qué diré después del local magnífico, espacioso, ventilado, como aquel que se encuentra en uno de los puntos más elevados del centro de Roma, al cual añaden lustre las nuevas salas, con la enfermería y los otros útiles ornamento, con los que lo habéis recientemente y sin graves gastos enriquecido? Todo esto sería poco si en mis visitas al Nazareno, no hubiera sobre todo admirado la índole ingenua y modesta, y al mismo tiempo desenvuelta y festiva de vuestros alumnos, de manera que aparecían claros sobre el rostro de cada uno los benévolos afectuosos sentimientos de un ánimo sinceramente bueno sin florituras ni ficción. Y este corazón en los labios que encontré en todos los jovencitos, con muestras espontáneas de cándida sencillez y de tierna amabilidad, valió para asegurarme siempre mejor cuán suave es el ejercicio de la virtud, si no es impuesto por la severidad, sino más bien aconsejado por la dulzura. También las otras partes de la educación moral y civil me parecieron óptimamente ordenadas. Y para mostrar la plena satisfacción que tuve y el gran placer que sentí, sea buena prueba el razonamiento que hice con muchos en la misma Roma, y también con el Santo Padre, que recibió sincera consolación por aquel amor que sé que El tiene a vuestro Colegio. Diré además que la enseñanza no es la parte menos considerable del Nazareno, habiendo encontrado buenos métodos y nobles motivos, y lo que más cuenta, hombres muy sabios, que me alegró grandemente conocer, entre otros me place recordar al P. Taggiasco, al P. Fanocchia y al P. Rolletta y algunos más de clara fama como el P. Chelini, del que la Universidad de Bolonia adolora siempre su pérdida habiendo admirado su perspicaz y profundo ingenio.
Mirad, pues, amigo mío, cuantos justos motivos tenéis de reforzaros el ánimo por las desgracias que cayeron sobre vuestro Colegio con motivo de la peste en Albano y cuánta esperanza debéis nutrir que él por su propia virtud recupere fuerza y vigor. Y por eso debe ser también argumento la constante y bien merecida reputación, que el Nazareno ha gozado hasta aquí, y el gran número de alumnos venidos de todas partes de Italia y los valerosos hombres que ha producido. Muchos de los cuales, se distinguieron por su elevada dignidad, por los importantes puestos que ocuparon, por la fama en ciencias y letras (como testimonio de preclaras virtudes) que han merecido honrar el Aula grande del Nazareno.
Me persuado por tanto, como decía más arriba, que todas estas razones servirán para alejar de vuestro ánimo cualquier dolor y temor, y que tomado nuevo coraje proseguiréis a bien merecer de vuestro Instituto y de la moral pública, máxime en tiempos tan tristes y desaconsejados, y a corresponder al mismo tiempo a las benéficas intenciones del Sumo Pontífice Pío IX, que os eligió para este difícil y relevante oficio, y que recordando de haber sido un día alumno de las Esuelas Pías, las ama y protege, y que señaladamente en mil ocasiones ha dado a vuestro Colegio solemnes testimonios de ánimo benévolo y de soberana clemencia. Como justamente en otros tiempos honraron el Nazareno con su patrocinio los gloriosos pontífices Urbano VIII, Clemente XI, Benedicto XIV, Pío VI, Pío VII y últimamente Gregorio XVI, lo que pude conocer por las inscripciones en mármol existentes en el Colegio.
Os ruego finalmente que os recordéis de mí y del pío pobre Instituto y que me conservéis siempre vuestra benevolencia.
Vuestro afeccionatísimo amigo.
Don Giovanni Bosco
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La precedente es una carta larga, bellísima y cariñosa, que manifiesta con claridad la relación existente de Don Bosco con los Escolapios del Colegio Nazareno, que es como decir con José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías y del Colegio Nazareno (a. 1629), y que fue Rector del mismo por algunos años.
Es una carta abundante en particulares: sobre el local, su colocación en el centro elevado de la ciudad de Roma, el comportamiento de los alumnos dentro del Colegio y fuera (su cándida sencillez y tierna amabilidad), la presencia de profesores eminentes, los métodos nobles y sabios usados en la educación integral de los alumnos (en piedad, ciencia y letras), la excelente disciplina observada, las sabias y amables leyes existentes, el ejercicio de la virtud no impuesta por la severidad sino por la dulzura, las gloriosas tradiciones, la estima y valoración muy positiva por parte de la personas y autoridades civiles y religiosas de Italia y de otras naciones de Europa por cuanto se hace en favor de los jóvenes y su desarrollo integral para la reforma de la sociedad.
Sin duda que Calasanz trasladó al Colegio Nazareno (para jóvenes de especial talento y en número más bien reducido) cuanto ya se practicaba en sus escuelas populares de San Pantaleón. En las visitas que Don Bosco hizo al Colegio pudo observar con sus propios ojos y ser iluminado para cuanto podía luego representar “su método preventivo”. Esta apropiación exclusiva del sistema preventivo atribuida en la historia a Don Bosco, quizás haya sido algo exagerada.
Así como se habla del sistema preventivo de Don Bosco, creo que debe hablarse igualmente del sistema preventivo de Calasanz, Fundador de la escuela popular gratuita en Europa, o del sistema preventivo de San Juan Bautista de La Salle, Fundador de la Congregación religiosa laical “Hermanos de las Escuelas Cristianas”, F.S.C., a. 1680, o del sistema preventivo de tantos otros educadores cristianos de todos los tiempos dedicados a la enseñanza, pues de por sí la educación es la forma más valiosa para ayudar a la juventud en su desarrollo personal y colectivo para crear una sociedad renovada según los planes de Dio. Me atrevería a decir que el fundamento sólido de todo sistema preventivo se encuentra en la Palabra de Dios.
Teniendo en cuenta las diversas épocas y naciones en que vivieron los Fundadores de quienes antes he hablado, se podría pensar en una tesis doctoral en Ciencias de la Educación que fuera una “sinopsis” de los tres sistemas preventivos recordados. Se podría extender a otros personajes. O bien una tesis sobre “el sistema preventivo a la luz del Evangelio”.
Sobre la cuestión del “sistema preventivo” se pueden leer con fruto las páginas 653-671 del n. 41 de la B.A.C. mayor “San José de Calasanz. Maestro y fundador”, cuyo autor es el P. Severino Giner, Sch.P.
En su obra se citan otros varios autores, entre ellos: P. Jorge Sántha, Sch.P., B.A.C. n. 159, a. MCMLVI; Don Rodolfo Fierro, S.D.B., B.A.C. n. 135, a. MCMLV.
San José de Calasanz (1557-1648), san Juan Bautista de La Salle (1651-1715) y san Juan Bosco- Don Giovanni Bosco (1815-1888), nos ayuden a crecer en la fe de la Iglesia “creo en la comunión de los santos”, evangelizando el mundo y la sociedad a través de la educación.
Rafael MMXI
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