P. Vicente García de la V. de las Ermitas
(*01-12-1915 / +25-03-2006)
BREVE SEMBLANZA
El P. Vicente García Domínguez nació allá, el uno de diciembre del lejano año 1915, en un pueblecito de la provincia de Orense llamado Valbuján del Bollo. Sus padres se llamaban Nicanor y Josefa. A los cuatro días de vida recibió el agua del bautismo de manos de D. Manuel Mancebo, párroco de su aldea en aquel entonces. Aguas bautismales que le unirían definitivamente a Cristo en vida, muerte y resurrección.
Con catorce años, en 1929 va al postulantado de Getafe, con el P. Saturnino Sádaba como maestro. El día 8-9-1931 inicia su noviciado, también en Getafe, siendo su maestro de novicios el P. Elio Rodríguez. Pasado el tiempo de noviciado hace su profesión simple el día 9-9-1932, que recibe el P. Provincial Clemente Martínez, tomando como nombre de religión una conocida advocación mariana de su entrañable tierra gallega: “Vicente García de la Virgen de las Ermitas”.
La filosofía la estudia en el Monasterio de Irache a donde llega tras su profesión simple en septiembre de 1932 siendo su maestro el P. Antonio Montañana.
En 1937, ya comenzada la guerra civil, todo parece precipitarse a causa de la misma en la vida de Vicente, así, estando en Albelda de Iregua y siendo su maestro el P. David Álvarez, hace su profesión solemne, el 15 de agosto, recibida por el P. Valentín Caballero, recibe la tonsura el 16 de septiembre, de ostiario y lector el 17 de septiembre y el acolitado el 18 de septiembre, estas cuatro órdenes menores de manos de D. Felipe Oláiz Zabalza., capuchino, titular de la diócesis de Docimea y Vicario Apostólico de. Guam, en el Pacífico.
La guerra interrumpe incluso los estudios de Vicente, así encontramos escrito de su puño y letra: “Salí militarizado de Albelda el 17 de diciembre de 1937. Fui destinado al Grupo de Sanidad Militar de la Coruña. Estuve a disposición del Vicario Castrense toda la guerra y haciendo de Capellán en el Hospital de Sangre de Monforte”. De hecho, continúa su camino hacia el sacerdocio en aquel destino, pues recibe el subdiaconado en junio de 1938, al año justo de su movilización el diaconado el 17 de diciembre de 1938, siendo ordenado sacerdote el 29 de junio de 1939 por D. Rafael Balanzá a la sazón Obispo de Lugo y administrador apostólico de la Diócesis de Mondoñedo.
En el mismo año 1939 según noticia escrita por el mismo Vicente, realiza un curso de instructor del Frente de Juventudes, en Lugo con 56 maestros en el cual hace de profesor de canto, alternando esta dedicación con la capellanía de los HH. Maristas de dicha ciudad a los que sirvió, como sacerdote recién estrenado durante el mes y medio que duró el cursillo.
Su vida en la docencia se solapa con sus obligaciones castrenses, ya que corriendo el año 1938 compagina su destino militar en el Hospital de sangre de Monforte con la responsabilidad de la “Clase Elemental de Vigilados” según la propia nomenclatura de Vicente. En Monforte permanecerá hasta 1957. En esos años pasa por diversas responsabilidades Clase de Ingreso, Internado en 1944; Profesor de Bachillerato de Geografía, Francés y Religión en 1950. Todas estas tareas las completaba con servicios a la comunidad, siendo procurador y Secretario de la casa.
En 1957, cambia sus aires gallegos por otros bien diferentes, siendo destinado a Tenerife en donde lo encontramos como Director del Colegio llamado “de La Rambla” y dando clases de 2ª Enseñanza en el Colegio Quisisana. En Tenerife además es responsable del internado y como él mismo escribe con orgullo era músico-organista. En Tenerife permaneció siete años hasta 1964 en que es destinado a Sevilla en donde permanece tres años dando clases de Geografía y Religión, haciéndose también cargo de responsabilidades en el internado. En este periodo isleño es capellán de las Trinitarias durante un año, de las RR. De Nazaret durante dos y de las RR de la Pureza otro año más.
1967 Santander; 1970 Salamanca, en donde vuelve a ser nombrado procurador del Colegio; 1971 Monforte, en donde además de sus ocupaciones habituales fue capellán de las RR. Calasancias; y 1973 La Coruña, en donde aparece como secretario, Cronista, Bibliotecario y Archivero… Tras una vida bien repleta de actividad en 1986 viene a la Residencia Calasanz en donde permaneció veinte años hasta entregar su vida en las manos del Padre.
Una palabra de entrañable reconocimiento
El P. Vicente, con su habilidad musical ha sabido entregarse a sus hermanos religiosos, en los dones que él tenía, hasta el final. Todos recordaremos sus ensayos de música para la liturgia, sus villancicos en la noche Buena y en los días de Navidad que le gustaba cantar, pasando de un villancico a otro, nerviosamente, creando popurrís insospechados, queriendo cantarlos todos en un afán infatigable por agotar su surtido repertorio.
Creo que nos será imposible desligar ya el nombre del P. Vicente de la imagen de este buen religioso pequeño, de cara redonda, con su eterna bufanda por miedo a las corrientes, con su inseparable boina, animando a todos con su interminable alegría, haciendo queimadas, recitando “os conxuros” con fuerza y convicción, eso sí debidamente censurados por él mismo, revelando con ello la inocencia de su espíritu. No podremos olvidar su alegría en las “fiestecitas de cumpleaños” de los padres mayores en la Residencia Calasanz, en los que la música volvía a ser precioso vehículo de alegría. Armado de su órgano eléctrico hacía bailar a algunos, con el ritmo que aún salía de sus cansados dedos. Sus chistes, contados ya mil veces, sobre todo los que contaba en gallego… su mirada viva, su sonrisa pícara, el brillo de sus ojos.
Quiero agradecer a Dios, el don que ha sido el P. Vicente especialmente para la vida de la Residencia Calasanz, el tiempo dedicado a acompañar a algunos religiosos de la enfermería, dedicándoles generosamente tiempo, paseando con ellos, cantando con ellos, arrancando difíciles sonrisas, todo con paciencia y fluido amor.
A las 23,30 de la noche del 25 de marzo, entregaba su vida a Dios. Su corazón cansado dijo: ¡basta!. Pero su ánimo alegre, enriquecerá sin duda la alegría de los cielos y lo encontraremos, cuando todos nos veamos de nuevo en la Casa del Padre, formando parte del coro de los ángeles… bueno.., del coro no, seguramente estará con su teclado eléctrico entre los músicos del cielo.
P.Vicente descansa en paz.
P. Javier Agudo. Provincial