Para hacer un relato ajustado de la vida de Antonino hay que hablar de un hombre enamorado, tan enamorado que el tamaño de su corazón ha sido, al fin y al cabo, el mayor problema de su salud en los últimos años y acaso, la causa de su muerte.
Antonino vivía enamorado de su pueblo, Hoz de Arreba, en el norte de Burgos, que le vio nacer un 10 de mayo de 1928. Hijo de una cristiana familia que presidían Heliodoro Zamanillo de Hoz de Arreba y Mª Patrocinio de Munilla de Hoz. Ambos tuvieron siete hijos de los cuales cuatro fueron religiosos, tres escolapios Antonino, Francisco, José Maria y Anuncia, que siguió los pasos de sus hermanos pero en las Religiosas Calasancias. Además Gerardo, Enriqueta y Jerónima. Fue bautizado en Hoz por D. Antonio Ruiz Gallo, cura párroco a los cinco días de su nacimiento. Recibió el sacramento de la confirmación el 23 de junio de 1934. Su infancia feliz en familia, ayudando a sus padres en las tareas del hogar junto a sus hermanos y correteando y tomando medidas a la geografía local, el Trifón, rio de su pueblo que nace de tres fuentes, las cuevas, como la de Las Arenas, o Las vacas o la sima de Encinarejos o la otra sima la llamada “del Amor de Otoño”.
Pero si Antonino estaba enamorado de su pueblo, era deslumbrante y mayor el amor a su familia. Hablaba de su padre con veneración, de su madre con un cariño sublime y su unión con sus hermanos, sobrinos ha sido algo de lo que todos hemos sido testigos y por esto no he de abundar más en ello. Malos años tuvo que pasar la familia en los momentos de la guerra civil por que la cercanía del frente y la escasez hicieron fajar más aún el amor, porque cuando no hay de otras cosas, las materiales, las espirituales ayudan a vivir con ilusión y esperanza. Acabada la guerra, Antonino va al aspirantado de Villacarriedo, el curso 41-42, con trece años. Otro año en Getafe el 42-43, curso al final del cual, el 15 de agosto toma el hábito escolapio teniendo por maestro al P. Manuel Pinilla. Allí, entre aquellos años de escasez, los libros sus estudios, Antonino fue conociendo otro de los grandes amores de su vida: Calasanz. Amor que hizo de él un escolapio forjado, con cimiento, entregado, exigente consigo mismo. Profesa de votos simples en Getafe ante el P. Juan Pérez, un 16 de agosto de 1944.
Los años de estudios se suceden entre Irache y Albelda, donde el buen material de Antonino se sigue forjando, entre cientos de jóvenes que como él soñaban con entregar su vida a los niños, en la no siempre fácil escuela.
Mientras tanto, Antonino va recibiendo las Órdenes Menores, La Tonsura el dos de mayo de 1948, Ostiario y Lector al día siguiente de manos del Obispo de Calahorra-Logroño D. Fidel García. Profesa de votos solemnes en Albelda en el día de la Virgen de diciembre de 1949, ante el P. Juan Centelles. Después vendría el subdiaconado y el Diaconado, este último recibido en Logroño de manos de D. Fidel García el 3 de junio de 1950. Y por fin Antonino es ordenado sacerdote un 23 de diciembre de 1950 por el Obispo de Madrid, D. Leopoldo Eijo y Garay. Solo unos meses antes Antonino había sido destinado a Madrid y había empezado su labor en el Colegio de San Antón, en donde comenzó a descubrir otro de sus amores, los niños. Allí realizó tareas de Prefecto de Primaria e impartía algunas asignaturas a los de primero de bachillerato. En 1953 es destinado a Getafe en donde permanecerá hasta 1962, Prefecto de Primaria, trabajo con los niños gratuitos, docencia de latín, literatura, religión, matemáticas. En el año 1955 es nombrado maestro de aspirantes, cargo en el que permanecerá hasta 1962. Su cariño, su delicadeza, su preocupación por aquellos niños fue siempre exquisita, transmitiendo con su persona los valores que él mismo había tallado en sí, entre otros la profunda devoción a la Virgen de las Escuelas Pías.
Es enviado a Salamanca, a continuar su tarea formativa en el Seminario Calasancio, primero en su sede de la Calle Santiago 1, después en el Alto del Rollo, en el nuevo seminario que junto con el P. Celestino y otros buenos religiosos levantaron para dar nueva y más holgada sede a la primera de las etapas formativas. Fueron catorce años de trabajo intenso, de esfuerzo continuo de ingenio y creatividad, y de mucha felicidad, a pesar de los inconvenientes y problemas que surgían día a día. Estando en Salamanca como Rector del Seminario es nombrado el 23 de septiembre de 1971 Maestro de Novicios, allí fue donde le conocí a finales de agosto de 1973 cuando llegué de Getafe a Salamanca a comenzar mi noviciado. Permaneció en Salamanca hasta el año 1976. Aquellos catorce años de Salamanca los interrumpió por un año en el que obtiene la Licencia en Filosofía en el Instituto angélico de Roma.
Por dos años es destinado a santa cruz de Tenerife, 1976-1978, dejando un entrañable recuerdo a pesar de la cortedad de su estancia en la Isla.
Es nombrado rector de la Comunidad del Colegio San Fernando en donde permanecerá siete años, de 1978 a 1985. Allí fue el alma de la construcción de la Iglesia, una vez construida le dio contenido con las misas que habitualmente celebraba los domingos, preocupado siempre de los niños, y de su crecimiento interior. Allí volví a coincidir con él, pues mi primer destino fue San Fernando y he de decir que Antonino fue una insustituible ayuda para mí aquellos años que comenzaba mi rodaje como sacerdote y como escolapio. Salimos juntos el mismo año. Yo para Alcalá Henares y él para Getafe. Entregado siempre a los niños, presente, siempre entre ellos, sonriente con su flauta de madera de aquí para allá, enseñando, amando, acompañando a todos aquellos pequeños insaciables de Antonino. Permanecerá en Getafe desde 1985-1988. La obediencia le llevó luego a Salamanca, esta vez al Colegio Calasanz, de nuevo con Seminaristas-Aspirantes. Siete fecundos años dedicando a animar, a enseñar a rezar, a compartir e introducir a aquellos jovencitos en la oración y sobre todo en el amor a Calasanz y a la Virgen María.
En 1995, a sus 67 años de edad llega a esta Residencia de la calle Gaztambide, nombrado Rector de la misma. En sus años en la residencia ha dejado un legado y un ejemplo de entrega a los enfermos, esperanzando a los más mayores, animando a unos, cuidando de los otros, fomentando la oración común del rosario, los cantos, sonriendo, estando, acompañando las cenas y comidas de los más enfermos…
Su gran corazón le iba dando avisos. Que si una hospitalización, que si otra, que si hay que operar, que otra operación… poco a poco han ido desgastando el cuerpo de Antonino, que iba perdiendo las fuerzas, pero nunca la sonrisa.
Una vez, hace ya muchos años, tras una enfermedad le dieron por muerto. Contaba que vio aquella luz de la que otros hablan y oyó una música angélica sublime, incomparable. Me decía haber perdido todo el miedo a la muerte desde entonces. Ahora gana él. Tiene de nuevo esa luz y toda aquella música, pero además goza de la compañía de sus padres, de su hermana Anuncia, de su hermano Paco, pero además seguro que ha sido recibido espléndidamente por todos sus otros hermanos, los que él como Rector de la Residencia ha ido entregando al Padre, uno tras otro.
Este año, dejó por fin el rectorado, su salud lo exigía ya. Hace unos días recibía la unción de enfermos con todos sus hermanos y familiares presentes. Ayer entregó su vida al Padre quien la ha recibido gozoso. Nosotros perdemos todo en él, un buen hermano un magnífico ejemplo, su sonrisa su entrega, su amor por todo lo que era y vivía.
Antonino descansa en paz.
P. Javier Agudo