P. Ambrosio González
(*21-11-1911 / +15-06-2007)
El Ambrosio González Suárez nació un lejano 11 de noviembre de 1911, en un pequeño y simpático pueblecito de la provincia de León, llamado Santibáñez de Ordás, en la falda sur de la Cordillera Cantábrica, con una altitud de 930 metros y actualmente unos 93 habitantes. Santibáñez se encuentra muy cercano al hermoso pantano de Luna y a un par de kilómetros de Rioseco de Tapia, conocida área de servicio en la actual autopista de León a Oviedo. Ambrosio nace en el seno de una numerosa y cristiana familia que fundaron sus padres Petronilo González y María Suárez ambos del mismo pueblo de Santibáñez. De entre sus hermanos uno también fue escolapio, Saturnino, ya fallecido hace mucho tiempo en la Coruña.
Ambrosio es bautizado el mismo día de su nacimiento y confirmado en el Santuario de Camposagrado, cercano al citado ya Rioseco de Tapia. Lugar histórico en el que se libró y ganó una famosa batalla contra los moros en el año 722, motivo por el que se erigió dicho Santuario.
Tras un tiempo de estudios primarios, en el año 1925, contando él con catorce años, lo encontramos ya en el postulantado escolapio de Getafe, donde es su maestro el P. Saturnino Sádaba. En el postulantado permanecerá por un tiempo de dos años, comenzando así su noviciado en el año 1927, el día 7 de agosto. Fue su maestro de novicios el P. Bonifacio Saiz.
Su primera profesión simple es recibida por el P. Ramón Navarro, el 15 de agosto de 1928 en la capilla del colegio de la Inmaculada de Getafe, y toma el nombre de religión poniéndose bajo la protección de los Sagrados Corazones. Curiosamente hoy ha entregado su alma al Padre, protegido sin duda por el Sagrado Corazón de Jesús, Solemnidad que se celebra en toda la Iglesia hoy.
Desde Getafe irá al monasterio de Irache, en donde cursará los años de estudios filosóficos, teniendo por maestro a los padres Valentín Caballero y Martín Español. Permanecerá en Irache por un tiempo de tres años 1928-1931.
Transcurrido este su primer período de estudios, se traslada a Albelda en donde tiene por maestro al P. Agustín Cuadras. Permanece en Albelda desde 1931 a 1934. Recibe las órdenes menores en Logroño de manos del Obispo D. Fidel García y Martínez.
Desde Albelda de Iregua va a su primer destino, en Sevilla en donde da sus primeras clases en primaria. En ese mismo año 1934 hace su profesión solemne en Sevilla que recibe el P. Rector Luciano Moreno por delegación del P. Provincial. Es destinado a Madrid, al Real Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando en donde se incorpora en agosto de 1935. Será en Madrid, el día 21 de septiembre de 1935, donde recibe el subdiaconado y diaconado de manos de D. Leopoldo Eijo Garay que fue Obispo de Madrid desde 1923 a 1963, del que también recibirá el orden sacerdotal en fechas ya muy próximas a la guerra civil española, concretamente 42 días antes de estallar ésta, en efecto, es ordenado el 6 de junio de 1936.
Pertenecerá a la Comunidad del Colegio de San Fernando desde 1935 a 1958, veintitrés años, incluidos los de la guerra, primero en su antiguo emplazamiento de Lavapiés, hasta ser quemado en 1936, después en aquellos casi tres años de guerra la comunidad, como tal estuvo suprimida y él fue movilizado y estuvo año y medio en Madrid y otro año en Badajoz, ya en la llamada zona nacional, desconociendo quien escribe los avatares de su paso de una zona a la otra. Finalizada la guerra vuelve al Colegio de San Fernando que se habilita en un inmueble de la Cuesta de la Vega, edificio todavía hoy existente frente al ábside de la Catedral de Madrid. En aquellos duros años para todos el colegio cuenta con unos 700 alumnos.
En 1941 pasa al Chalet de los Marqueses de Oquendo en la calle Donoso Cortés o Gaztambide, en donde se habilitan cuatro aulas y poco después se pone la primera piedra de lo que sería el nuevo emplazamiento del colegio San Fernando, justo aquí, en la manzana de enfrente de esta casa Residencia Calasanz. Ahí el P. Ambrosio será administrador y Prefecto de estudios, además de las clases que habitualmente primero en primaria, como ya dijimos y después en el Bachillerato.
El curso 1958-59 es destinado a Toro, y nombrado Rector de la Comunidad, y en donde continúa con su labor docente.
Tras este breve curso en tierras zamoranas, regresa de nuevo a San Fernando, en donde permanecerá otro largo periodo de tiempo desde el año 1959 hasta 1983. En este segundo periodo es nombrado vicerrector por dos trienios, y posteriormente rector de dicha comunidad en 1975.
Es trasladado al Colegio de San Antón en 1983, hasta su cierre en 1990. Siendo rector de dicha comunidad el último año.
Volverá aún el P. Ambrosio, una vez más, por tres años desde 1990 a 1993 a San Fernando, ya jubilado, atendiendo con solicitud las confesiones de los niños y otras tareas pastorales.
En 1993 es trasladado a la casa de retiros y convivencias de Cercedilla, en donde ha permanecido destinado hasta su fallecimiento.
El P. Ambrosio, con sus 95 años, nos ha dado a todos una lección de vida que ojalá nunca olvidemos. Como compañero de comunidad ha sido excelente, con una mente abierta a los cambios que inevitablemente trae la vida y ante los que supo siempre situarse a pesar de su ya avanzada edad, con un envidiable sentido común. Hacía gala de un fino humor, inteligente y agudo, jamás ofensivo con nadie, que nos hizo pasar muy buenos momentos. Responsable y comprometido con su ser sacerdote escolapio.
Muchos niños sentirán su muerte. Niños que llegaban a Cercedilla y que primero, antes que hacer cualquier otra cosa, preguntaban por el padre Ambrosio, y corrían a saludarle, encontrándole la mayor parte de las veces en el jardín, armado de escoba, rastrillo o carretilla, con su eterna bata blanca, haciendo limpieza, barriendo hojas, luchando podadera en ristre contra las hiedras y otras enredaderas…
El P. Ambrosio nos ha dado a todos una inolvidable lección de amor al trabajo, hasta que ha sido ingresado en el hospital. Con sus 95 años, ha estado cumpliendo con dos, tres, cuatro horas de trabajo diario en su jardín, confesando niños en los retiros, asistiendo como capellán a las religiosas Mercedarias, vecinas en Cercedilla, cuando no era en las Escolapias o en las religiosas de la Concepción, o confesando a los sacerdotes de la zona que a él acudían. En los ratos libres leyendo, más aún, sacando apuntes de los libros de teología o espiritualidad que leía, como quien fuera a dar una conferencia sobre algún tema.
Hace hoy una semana se sintió mal y vino a Madrid para ser ingresado. Su único riñón ya no quería hacer su trabajo. En estos pocos días ha recibido la Santa Unción y ha tenido suficiente tiempo para saber que se moría y aceptar esta muerte como algo lógico y natural.
Entregamos hoy su vida al Dios Padre, rogándole reciba a nuestro hermano Ambrosio con su infinito amor, cosa no será una sorpresa para Ambrosio, pues siempre supo y hablaba de ese infinito amor, de su eterna misericordia.
A tus 95 años, entrañable Ambrosio, descansa en paz, que te la has ganado.
P. Javier Agudo. Provincial