Educar enseñando o enseñar educando
Nadie discute que existe una gran diferencia entre educar y enseñar. Hay que abordar las dos.
Y parece necesario hacer ambas cosas al mismo tiempo: hay que enseñar, porque esto es una escuela, y en el colegio la estructura que mantenemos gira en torno a al aprendizaje de una serie de conocimientos y procedicimientos; y también hay que educar, por lo que cobran fuerza los planes de acción tutoria, semanas especiales, y momentos concretos dentro de las asignaturas para que la formación del alumno sea verdaderamente "integral".
Ahora bien, ¿cómo encajar ambas? ¿Tienen que ir cada una por su cuenta? Una gran aproximación fue la tarea realizada en torno a los transversales. Se convierte así una serie de temas en prioritarios educativamente, y se estudie lo que se estudie, es comprensible que tengan que aparecer. Hicimos lo propio, y los integramos.
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De esta manera, se provocó una reflexión sobre lo que se leía en la escuela y se seleccionaron los artículos y las obras de lectura clásica en función de los valores que comunicaban, se prestó atención a lo que aparecía en los libros de texto (y lo que no aparecía, curriculum oculto), se desarrollaron programas de matemáticas orientados a la vida diaria y a la justicia y así sucesivamente.
Pero continuamos en la misma disyuntiva. Educar y enseñar. O con un verdadero problema educativo cuando sentimos, como docentes, que educamos o enseñamos, pero que ambas cosas no se pueden hacer al mismo tiempo.
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Quienes optan por enseñar educando centran sus intereses en la primera parte, lo que cambia es el proceso para llegar a sus objetivos. Podrían enseñar y simplemente enseñar, y sin embargo han hecho suyo el ideal de la escuela como medio de transformación social.
Por el contrario, educar enseñando se sitúa en otra parte. Lo principal es la educación, y pudiéndolo hacer de muchas maneras, se confía el ideal de la socialización a la escuela y su estructura. Es regresar a los ideales de la "inmersión profunda en la sociedad" por la vía más directa: sacando de la ignorancia, alejando de la posibilidad de ser engañados, dotando de la capacidad y el desarrollo de los derechos propios del ciudadano.
En definitiva, y aunque parezca curioso, todavía muchos docentes deberían preguntarse quién es el centro del quehacer educativo. Si es el alumno, como parece que es, la cuestión a plantear debería ser entonces cuál es el papel del profesor en relación a él. Y responder que es la sociedad, sería un engaño.
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Pero el alumno no puede decidir su educación. Le corresponde al profesor, o más bien a la comunidad educativa, pensar en qué basa su felicidad. Y, en concreto, qué aporta el conocimiento y la enseñanza. Sin este horizonte, centrado en su vida, poco se podrá alcanzar y la escuela renunciará a su idea genuina, la razón por la que nació.
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Para desarrollar entre educadores |
Diálogo-debate sobre este juego de palabras, intentando tomar postura en dos dimensiones: una, en la que quisieramos participar; otra, en la que realmente estamos inmersos y vivimos. |
Análisis sencillo de una práctica educativa desde la pregunta: ¿Cuáles son los objetivos que se marcan? ¿Se alcanzan? |
| Retomar una Unidad Didáctica clarificando las oportunidades educativas que tiene el tema tratado: transversalización, desarrollo de competencias. ¿Y el centro? |
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